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Por donde un día paseó Poe

Divagan eternamente las sombras en esta tierra, Soñando con siglos que se fueron para siempre; Grandes olmos se alzan solemnes entre lápidas y túmulos Desplegando su alta bóveda sobre un mundo oculto de otro tiempo. Una luz del recuerdo ilumina todo el escenario, Y las hojas muertas hablan en susurros de los días idos, Añorando imágenes y sonidos que ya no volverán. Triste y solitario, un espectro se desliza a lo largo De los paseos por donde sus pasos le llevaban en vida; Pero no es visible a los ojos de cualquiera, a pesar de que su canto Resuena a través del tiempo con una extraña fascinación. Sólo los pocos que conocen el secreto de su magia Pueden encontrar entre estas tumbas la sombra de Poe. Howard Phillips Lovecraft

Un Sueño

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¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso antes de partir, confieso que acertaste si creías que han sido un sueño mis días; ¿Pero es acaso menos grave que la esperanza se acabe de noche o a pleno sol, con o sin una visión? Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueno. Frente a la mar rugiente que castiga esta rompiente tengo en la palma apretada granos de arena dorada. ¡Son pocos! Y en un momento se me escurren y yo siento surgir en mí este lamento: ¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos en mis dedos? ¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera salvar uno de la marea! ¿Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueño? Edgar Allan Poe Anoche te soñé nuevamente, nada raro, a diario te sueño, desde hace años, muchas veces no recuerdo que fue lo que soñé, pero apostaría mi vida a que tu fuiste protagonista de esos sueños olvidados. Te he soñado en todas las situaciones posibles, sin embargo anoche fue un poco mas real, me refiero a la imagen, las situaciones...

¿DESEAS QUE TE AMEN?

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¿Deseas que te amen? No pierdas, pues, el rumbo de tu corazón. Sólo aquello que eres has de ser y aquello que no eres, no. Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia, tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin y el amor... un sencillo deber. Edgar Allan Poe

El Cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.” ¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar....