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El llanto fracasado

Roto, casi ciego, rabioso, aniquilado, hueco como un tambor al que golpea la vida, sin nadie pero solo, respondiendo las mismas palabras para las mismas cosas siempre, muriendo absurdamente, llorando como niña, asqueado. He aquí éste que queda, el que me queda todavía. Háblenle de esperanza, díganle lo que saben ustedes, lo que ignoran, una palabra de alegría, otra de amor, que sueñe. Todos los animales sobre la tierra duermen. Sólo el hombre no duerme. ¿Han visto ustedes un gesto de ternura en el rostro de un loco dormido? ¿Han visto un perro soñando con gaviotas? ¿Qué han visto? Nadie sino el hombre pudo inventar el suicidio. Las piedras mueren de muerte natural. El agua no muere. Sólo el hombre pudo inventar para el día la noche, el hambre para el pan, las rosas para la poesía. Mortalmente triste sólo he visto a un gato, un día, agonizando. Yo no tengo la culpa de mis manos: es ella. Pero no fue escrito: Te faltará una mujer para cada día de amor. Andarás,...

Mi corazón me recuerda que he de llorar

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Mi corazón me recuerda que he de llorar por el tiempo que se ha ido, por el que se va. Agua del tiempo que corre, muerte abajo, tumba abajo, no volverá. Me muero todos los días sin darme cuenta, y está mi cuerpo girando en la palma de la muerte como un trompo de verdad. Hilo de mi sangre, ¿quién te enrollará? Agua soy que tiene cuerpo, la tierra la beberá. Fuego soy, aire compacto, no he de durar. El viento sobre la tierra tumba muertos, sobre el mar, los siembra en hoyos de arena, les echa cal. Yo soy el tiempo que pasa, es mi muerte la que va en los relojes andando hacia atrás. --Jaime Sabines--

Canonicemos a las putas

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Santoral del sábado: Betty, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad. Das al placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor. No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del bor...

El día

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Amanecí sin ella. Apenas si se mueve. Recuerda. (Mis ojos, mas delgados, la sueñan.) ¿Qué fácil es la ausencia? En las hojas del tiempo esa gota del día resbala, tiembla. Jaime Sabines La soledad es buena, me gusta, estoy cómodo con ella, pero de pronto llega una soledad diferente una que duele, que lastima, que impide el pensamiento que abre heridas sobre las cicatrices, y es esa soledad de tenerte, de saber que estas conmigo, que nunca nos separamos, sin embargo nunca hemos podido estar juntos y no habrá forma alguna de recuperar el tiempo que no existe, tiempo, la perfecta medicina, el mas cruel enemigo, estas aquí, puedo oler tu piel, sentir tus labios, cobijarme en tu calor, pero eres etérea y mis brazos no logran atraparte, estas sentada junto a mi mientras tomo una taza más de café, pero no puedo verte, no puedo besarte, y tu te dedicas a destruir la perfecta espiral que me atrapa y me acerca más y más a ti, ahora la distancia es mayor, el dolor es punzante y persisten...

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo...

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Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo, tú lo tienes. El puño de mi corazón está golpeando, llamando. Te agradezco a los cuentos, doy gracias a tu madre y a tu padre, y a la muerte que no te ha visto. Te agradezco al aire. Eres esbelta como el trigo, frágil como la línea de tu cuerpo. Nunca he amado a una mujer delgada pero tú has enamorado mis manos, ataste mi deseo, cogiste mis ojos como dos peces. Por eso estoy a tu puerta, esperando. Jaime Sabines

Tú nombre

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Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras todo esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer. Jaime Sabines

Me tienes en tus manos...

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Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mi mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío. Jaime Sabines No podía faltar el contratiempo, sin embargo todo salio bien, según lo planeado, extrañamente. El plan original contemplaba que nos viésemos durante la ceremonia, no fue así, llegue cuando esta ya había terminado, clásico en mi. Durante todo el camino me invadía el nerviosismo, al llegar se desbordo, mi comportamiento fue mas torpe de lo normal, el verte, tu f...

XI.

Cuando estuve en el mar era marino este dolor sin prisas. Dame ahora tu boca: me la quiero comer con tu sonrisa. Cuando estuve en el cielo era celeste este dolor urgente. Dame ahora tu alma: quiero clavarle el diente. No me des nada, amor, no me des nada: yo te tomo en el viento, te tomo del arroyo de la sombra, del giro de la luz y del silencio, de la piel de las cosas y de la sangre con que subo al tiempo. Tú eres un surtidor aunque no quieras y yo soy el sediento. No me hables, si quieres, no me toques, no me conozcas más, yo ya no existo. Yo soy sólo la vida que te acosa y tú eres la muerte que resisto. Jaime Sabines

X.

Se ha vuelto llanto este dolor ahora y es bueno que así sea. Bailemos, amemos, Melibea. Flor de este viento dulce que me tiene, rama de mi congoja: desátame, amor mío, hoja por hoja. Mécete aquí en mis sueños, te arropo con mi sangre, ésta es tu cuna: déjame que te bese una por una, mujeres tú, mujer, coral de espuma. Rosario, sí, Dolores cuando Andrea , déjame que te llore y que te vea. Me he vuelto llanto nada más ahora y te arrullo, mujer, llora que llora. Jaime Sabines

IX.

Petalos quemados, viejo aroma que vuelve de repente, un rostro amado, solo, entre sombras, algún cadáver de uno levantándose del polvo, de alguna abandonada soledad que estaba aquí en nosotros: esta tarde tan triste, tan triste, tan triste. Si te sacas los ojos y los lavas en el agua purísima del llanto, ¿por qué no el corazón ponerlo al aire, al sol, un rato? Jaime Sabines

VIII.

Esta mañana imaginé mi muerte: despeñado en el coche o de un balazo. Me tuve lástima. Lloré por mi cadáver un buen rato. Hablé, luego, de vacas, del gobierno, de lo cara que cuesta ahora la vida, y me sentí mejor, un poco bueno. Iba a decirte que estoy realmente enfermo. Como sin piel, herido por el aire, herido por el sol, las palabras, los sueños. Se me ha trepado en la nuca un cabrón diablo y no me deja quieto. Ulcerado, podrido, hay que vivir a rastras, a gatas, apenas, como puedo. Jaime Sabines

VII.

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Jaime, Carlos, Manuel, Pedro, Gilverto, tengo todos los nombres de los hombres entiendo por garote, cuasimodo, rododendro, paloagrio y aceite, azufre, pedernal, gato pómez, rastrojo... Si alguien se queda en algún lado, si alguien mata, si alguien es muerto, si alguien ama hasta quedarse mudo, si alguien se duele o goza de algún modo, estoy, no cabe duda, soy yo en algún momento. Jaime Sabines

VI.

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El mediodía en la calle, atropellando ángeles, violento, desgarbado; gentes envenenadas lentamente por el trabajo, el aire, los motores; árboles empeñados en recoger su sombra, ríos domesticados, panteones y jardines transmitiendo programas musicales. ¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso? ¿qué palabras en vuelo me levantan? "Lo mejor de la escuela es el recreo", dice Judit, y pienso: ¿cuándo la vida me dará un recreo? ¡Carajo! Estoy cansado. Necesito morirme siquiera una semana. Jaime Sabines

V.

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Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas. Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro. ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba. Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla. Jaime Sabines

IV.

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Y bien. Es el momento de amontonar palabras, hojarasca, y quemarlas. Y si echamos las manos a ese fuego, si el pelo, si una parte del alma, si los ojos, mejor, tanto mejor. De este residuo de los días hay que impregnar la almohada. (Bajo las sábanas el cuerpo mutilado se reconstruye.) La soledad es rica en amapolas y el silencio despierta los sueños. Jaime Sabines

III.

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Ahora se abren puertas de cuartos vacíos, se oyen pasos en el tejado que no existe, Hay campos de concentración, hay alambradas en que famélicos dioses piden agua. Santos arbóreos (criminales colgados de sus brazos) y subterráneos topos se saludan. Es cuestión de raíces. Hay una raíz que amamanta a los muertos con una leche agria, metálica y purísima. Otra raíz para las águilas en vuelo, una raíz del viento más delgado y más fino. Y otra raíz de espanto con que te dan el chocolate y las sonrisas. Mírame bailar en un solo pie sobre el alambre de la luz. Yo alumbro esta esquina los miércoles hasta que llegan a los quicios a hacerse el amor. Ando buscando quién me regala un río. Me despierto temprano cuando la noche apenas si se estira en la cama, para acechar las amenazas, para torcerles el pescuezo dormiladas. Pero hay una mujer que se complace en sacar serpientes todo el día. Hay un nido de arañas en un lugar del sueño. No hay paz, no hay paz, hay estertores, odios violentos como un lá...

II.

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Hay un día entre el domingo y el lunes que salgo al campo. Allí me reconcilio con la vida pastando (la alfalfa tiene un sabor a verde exquisito y las moscas son mínimas y tranquilas). Dice el doctor que todo es mal de los nervios. Lo mismo dice Buda en esa novela que escribió hace poco acerca de los Beatles. Jaime Sabines

Autonecrología

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I. Cuatro, cinco, seis voces conocidas salen de mi garganta, salgo yo de cenizas, de escombros familiares, soy un coro de inválidos, de agónicos, de encorvados bufones recogiendo monedas que no sirven. "Me he muerto tantas veces", es un decir como otros No he dormido, es lo cierto, y ya no tengo ni hambre. Si alguien me deja por allí, si alguien me tira bajo un árbol o en algún basurero ¡qué descanso! ¡Aquí, jinetes del apocalipsis diario, voy a trabarles las patas con un cordón de seda! ¿Que qué es este saco que llevo a mi espalda? Es un costal con mis víceras más queridas: hígado y riñones, pulmón y tripas, páncreas para los gatos desvelados. ("Miau" es la expresión más tierna del amor.) Aquí viene uno, míralo. Se me parece como una gota a otra. (Somos dos l...

SITIO DE AMOR

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Sitio de amor, lugar en que he vivido de lejos, tú, ignorada, amada que he callado, mirada que no he visto, mentira que me dije y no he creído: en esta hora en que los dos, sin ambos, a llanto y odio y muerte nos quisimos, estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!, queriéndote, llorándome, perdido. (Esta es la última vez que yo te quiero. En serio te lo digo.) Cosas que no conozco, que no he aprendido, contigo, ahora, aquí, las he aprendido. En ti creció mi corazón. En ti mi angustia se hizo. Amada, lugar en que descanso, silencio en que me aflijo. ( Cuando miro tus ojos pienso en un hijo. ) Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente que todo te lo digo. Tu corazón a flor de piel, tus manos, tu sonrisa perdida alrededor de un grito, ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo, y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido: todo eso que tu haces y no haces a veces es como para estarse peleando contigo. Niña de los espantos, mi corazón caído, ya ves, amada, niña, que cosas ...

La Luna

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La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas Jaime Sabines